Foto Guion La Matamoros

Esta pregunta sobre si “los documentales tenían guión” podría habérmela hecho algún familiar o amigo ajeno al mundo de la comunicación, pero no, me la hizo un talentoso programador de un circuito de cine de arte y ensayo de una ciudad bastante cosmopolita cuando le comenté que estaba en el Festival porque era guionista de un largometraje documental* que estaba en competencia. La inquietud del programador obviamente no respondía a la ignorancia, porque su caso es el de un gran conocedor del sector cinematográfico, sino que apuntaba más bien a la suspicacia, en su opinión un documental no necesitaría de un guionista, porque armar la historia era trabajo del editor, principalmente.

 

Pero, a ver, yo sí había escrito el guion de la película. Había hecho mi trabajo, y éste fue mucho antes del montaje. Entonces, me pregunto: ¿Por qué puede sonar tan “inverosímil” que el cine documental tenga guion? ¿Porque la realidad se cuenta y se ordena sola? o ¿Por qué se asume que la principal labor de un guionista es dialogar y los personajes que participan en los documentales no precisan de diálogos aprendidos sino que cuentan y actúan su propia vida? Y eso por no entrar en el tema de si es cine, o no, porque como le dijeron a uno de los personajes principales en “The sisterhood of the travelling pants” (2005) cuando contó que se proponía hacer un documental: Ah, sí, ya sé, es como una peli, pero en rollo aburrido”.

 

Quizás porque como público estemos acostumbrados a los documentales de naturaleza en la televisión por cable o a los reportajes periodísticos, nos sea más difícil consumir los largometrajes documentales como cine, en una sala de cine, a oscuras y comiendo cotufas (palomitas de maíz/ pop corn) o con el mismo rito solitario con el que se visiona un DVD o blu-ray o una función de streaming en alguna plataforma VOD, como Netflix, Mubi, Filmin o afines.

 

Pero, en realidad, es todo lo contrario. El cine documental no es un reportaje periodístico, ni es la vida contándose a sí misma. No es un periodista que al menos debe intentar ser objetivo, incluyendo tantos puntos de vista como le sea posible, ni tampoco una cámara encendida que registra los hechos sin interferir en la realidad. El cine documental, como bien lo expresó el cineasta venezolano Andrés Agustí en una reciente entrevista para El Nacional, es el que “utiliza la realidad para contar una historia”. Creo que no he encontrado una mejor definición que esa.

 

Lo escribo de nuevo: “El cine documental utiliza la realidad para contar una historia”. Así de simple.

 

Entonces, si hay una historia, hay un narrador, unos personajes, un conflicto y una estructura, a través de la cual esos personajes transitan, desarrollan, evolucionan. Hay entonces un:

  • “Érase una vez”….que nos habla de un contexto dónde esa historia se enmarca.
  • “Hasta que un día”….un algo sucede (se inicia conflicto) lo suficientemente interesante para atraer nuestra atención;
  • Y través de muchos “Pero” y “Luego” la historia avanza entre altos y bajos…
  • Hasta que “finalmente”…se resuelve el conflicto o no.

Y detrás de toda esta historia hay un creador que va ordenando los hechos, va dosificando qué cuenta y qué revela para lograr la mayor empatía y así mantener el interés de su audiencia.

 

En muchos documentales, el director es quien escribe su guion, es el autor-realizador de la obra, y luego él mismo, u otra persona, edita el material y le da forma a la historia. Y si es autor-realizador, ése crédito de escritura se diluye en su autoría, basta con colocar dirigida por, o “una película de”.

Y digo que se diluye, porque ése proceso de escritura de la historia tuvo tres etapas:

Primero en el papel; luego en el rodaje; y finalmente en la sala de edición.

Pero las tuvo, así no hayan estado completamente diferenciadas, así se hayan solapado la una a la otra.

Entonces, un guionista de documentales es quien junto con el director, a partir de la investigación, trabaja la primera fase de la historia, en el papel.

 

El director naturalmente estará en estas tres etapas, desde el nacimiento de la idea hasta su parto en la pantalla. Y su rol, en el rodaje es imprescindible, único, puesto que cómo se está utilizando la vida para contar una historia, él o ella debe ser quien identifique, quien canalice y quien tome todas las decisiones necesarias para encausar esa vida que se presenta ante sus ojos. Allí quizás decida seguir a un personaje y no a otro, echar mano de una locación y no de otra preconcebida, porque como bien decía Fellini “escribir un guion es como preparar una maleta cuando se va de viaje”, uno debe procurar llevar todo lo que cree que va a necesitar, pero no necesariamente lo utiliza todo.

 

Entonces, mi trabajo como guionista es preparar esa maleta. Es proponer al director una estructura, una forma de abordar la historia, de presentar a los personajes, de orientar el tema a partir de las acciones que pueden ser registradas y elaborar los cuestionarios que se realizarán a los personajes cuando se haya decidido incluir entrevistas dentro del rodaje.

 

Si no hay un guion previo al rodaje o el mismo director no ha grabado de acuerdo a una estructura previamente escrita y conceptualizada, sino que ha ido registrando acontecimientos y situaciones a partir de la investigación inicial, y el devenir que haya tomado la misma, entonces, el editor o bien el director que se sienta a editar, se convierten en guionistas-editores, porque no solamente ponen al servicio de la historia todos sus conocimiento sobre montaje, sino que están guionizando sobre la marcha, están decidiendo cómo se presenta el conflicto, cómo se profundiza sobre él y finalmente qué desenlace tiene éste.

 

En mi experiencia como guionista de los largometraje documentales ya estrenados “CAJA 25” (2015) de Delfina Vidal y Mercedes Arias y “LA MATAMOROS” (2017) de Delfina Vidal, cada historia ha ameritado un profundo proceso de investigación previo. Las directoras han escogido un tema, han investigado exhaustivamente sobre él, y juntas hemos colaborado para elaborar un relato. A partir de su visión como directoras, he podido proponer una estructura, unas situaciones, darle más relevancia a unos personajes, que a otros, proponer con qué sabor de boca queremos que el espectador salga de la sala de cine, y qué preguntamos específica queremos que se haga.

 

Entonces, si los documentales sí tienen guion. ¿Será conveniente tener un guionista abordo en el equipo de un largometraje documental? En mi experiencia, sí. Totalmente. Cuando tuve la oportunidad de producir “EL YAQUE, PUEBLO DE CAMPEONES” (2013) de Javier Chuecos, el aporte de Horario Collao como guionista, además de productor, fue increíblemente valioso, para darle profundidad y reflexión, a una historia que en apariencia podía parecer ligera. Y así en “EL YAQUE” como en muchos otros largometrajes documentales, cuando creemos que estamos contando la historia de X o Y personaje, terminamos contando la historia de un país.

 

Por eso, creo que como guionistas podemos hacer dos grandes aportes a la ya ardua y compleja tarea de hacer una película:

  • Primero, al tener un tratamiento y una escaleta antes del rodaje, éste puede estar mucho mejor planificado, y tener luego una amplio margen de acción para la improvisación, para lo que realidad misma y los personajes tienen que ofrecer.
  • Segundo, para ordenar toda el material grabado después del rodaje, y evaluar qué se queda, y qué se va. Saber qué cambió y por qué cambió, puede orientar muchas de las decisiones creativas que amerita la síntesis del montaje. Porque la realidad siempre supera la ficción, y no deja de sorprender, y lo que antes se presentaba o intuía como una trama secundaria, se hace mucho más relevante. Ajustar la escaleta previa con todo el material ya rodado, también puede ayudar al equipo a entender la historia que se está contando y sus múltiples posibilidades. Y así todo el talento del editor, puede concentrarse en cómo hacer más eficiente, más visual y más contundente cada secuencia, porque no tiene que guionizar sobre la marcha, puede proponer más y mejores recursos narrativos y estéticos, a partir de la visión del director, de la historia que él o ella quiere contar.

 

Y así el guion en el cine documental tiene la misma función que en el cine de ficción, ser una partitura. Una guía para que el director, como el conductor de una orquesta saque lo mejor de cada miembro de su equipo, entonar una sinfonía que conecte en directo con nuestras emociones, para luego, sólo luego hacernos reflexionar.

 

La Matamoros en IFF Panama 2017

* Con este largometraje documental, “La Matamoros”, pocos días después, ganamos el premio a Mejor Película de Centroamérica y el Caribe, que otorga el voto de la audiencia, en el Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF por sus siglas en inglés). En esta foto, liderizados por nuestra directora Delfina Vidal, estamos todo el equipo recibiendo el premio.

**Sobre mí. Mi nombres es Joaneska Grössl, soy una cineasta venezolana radicada en Cataluña, España. Me apasiona contar historias, y me apasiona más aún hacerlas hacer viables, realizables…por eso me dedico a la escritura y la producción ejecutiva de proyectos cinematográficos. Quizás pueda sonar como a cortocircuito entre el lado izquierdo y el lado derecho del cerebro pero no es así. Es todo lo contrario. Hacer cine es un oficio complejo, que requiere nuestros dos hemisferios cerebrales muy bien conectados.